27.7.17

Quienes están acumulando capital de forma desaforada en los últimos 30 años son los propietarios de suelo urbanizable, que pueden extraer rentas a la ciudadanía y con ello hundir aún más los salarios

"Todo es una mascarada, un montaje. El sistema financiero, roto; la inversión privada inexistente; la pobreza, creciente; la acumulación de capital, neo-feudal. Lo último, lo del Popular. No hay recuperación alguna, todo es una construcción artificial, casi farsa por y para el uno por ciento más rico, y nadie más.

 Nada podría ser más obvio sobre la base de los resultados económicos de los últimos veinte años. Desde la crisis monetaria asiática y la primera burbuja tecnológica del 2000, Occidente solo sobrevive generando inflaciones de activos que simplemente benefician al 1% más rico. Y España con sus burbujas inmobiliarias, un alumno aventajado. Todo lo demás, teatro del Barroco. (...)

Aquí, más de lo mismo, la gran mascarada, otra burbuja inmobiliaria. Lo que está ocurriendo en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia con los alquileres turísticos promovidos por distintos vehículos de inversión, incluidos fondos buitres, se parece al viejo oeste, no hay ley alguna. 

Y el gobierno y las élites patrias encantados de conocerse, sonrientes, ufanos, incapaces de entender la dinámica económica patria. Salarios miserables, rentistas en plena faena, oligopolios y monopolios depredadores. Y un aspecto preocupante, una ruptura inter-generacional. Jóvenes sin futuro, pensionistas sosteniendo el Régimen.

Pero vayamos a lo último, a la burbuja en alquileres y vivienda en nuestra querida España. Cuando desagregamos el capital para saber qué está provocando el aumento de sus retornos que vio Piketty en su libro el Capital del Siglo XXI, observamos algo brutal, feudal. Matthew Rognlie del MIT en “A note on Piketty and diminishing returns to capital”, cuando separa el capital en sus distintos componentes observa que el único factor con retornos crecientes en los últimos 60-70 años es la tierra, las propiedades inmobiliarias.

 Quienes están acumulando capital de forma desaforada en los últimos 30 años son los terratenientes, no Silycon Valley u otros titanes tecnológicos. En las grandes áreas metropolitanas se observa que los propietarios de suelo urbanizable se encuentran en una posición única para extraer rentas a la ciudadanía y con ello hundir aún más los salarios.

 Pero aquí paz y después gloria, no pasa nada, hasta que estalle esta nueva burbuja de muy corto recorrido, profundamente distópica. 

La solución al problema ya fue ideada hace más de 100 años por un economista de San Francisco, Henry George. La tierra, y a través de ella de los inmuebles, tienen valor porque las distintas administraciones públicas proporcionan "bienes públicos", desde escuelas, hasta centros sanitarios, pasando por el transporte público, parques y sistemas de alcantarillado.

 Henry George, Joseph Stiglitz, Richard Arnott, Fernando Scornik o Fred Harrison han demostrado que si el valor de un lugar proviene de los bienes públicos, entonces tiene sentido gravar el valor de la tierra en sí para pagar por cosas como la infraestructura. En otras palabras, las personas que reciben el beneficio del gasto público deben ser también los que paguen los costes.

A diferencia de los impuestos sobre la renta, sobre las ventas o sobre los beneficios empresariales, el impuesto sobre el valor de la tierra no tiene ninguna posibilidad de asfixia de la actividad económica. La razón es muy sencilla, la cantidad de tierra es fija, por lo que no hay carga impositiva excesiva, es un impuesto neutral.

 Y, como el propio Henry George señaló, el impuesto redistribuye la riqueza de los ricos a los pobres sin castigar la creación de riqueza. Y más cuando se ha demostrado que son estos nuevos terratenientes del siglo XXI, propietarios del suelo, quienes diariamente sorben la sangre a la ciudadanía. Ya es hora de parar a estos vampiros."              (Juan Laborda, Vox Populi, 15/06/17)

Las políticas económicas del neoliberalismo nos han llevado al actual estancamiento secular. Occidente solo puede sobrevivir con tipos de interés reales negativos

"(...) ¿Por qué estamos atrapados en este ciclo de generación burbujas y sus estallidos, sin recuperación sostenible? La respuesta es muy sencilla. Debido a una política monetaria y fiscal distorsionada, que continúa creando riqueza de papel y entregándola a la superclase -el 1% más rico-, inflando los activos financieros, poniendo un martillo sobre los salarios y permitiendo que los monopolios depredadores sigan expandiéndose y financiando sus posiciones de poder. 

Y aquellos que justifican un estímulo de arriba hacia abajo, puro pensamiento feudal, dicen chorradas, una más a unir a la idea de desregular para crear mercados eficientes. No hay ningún efecto riqueza que levante todos los barcos. Es mentira.

 Entonces, ¿por qué el “establishment” y sus voceros mediáticos mantienen una posición tan agresiva de negación de la realidad después de todos estos años de fracaso? Muy sencillo. La superclase está siendo remunerada no por ver aquello que deberían ver, la realidad, sino por manejar y manipular una situación de farsa completa. 

Y la mayoría de los denominados expertos y de nuestros políticos se limitan a seguir el dictado de aquellos a pies y puntillas, no vaya a ser que sufran el exilio del acceso a las salas de privilegio y poder. Por eso la generación de nuevas burbujas va a continuar. 

La reforma no vendrá de los viejos partidos establecidos o de aquellos que la propia superclase financia y promociona. El dinero y el impulso de la hipocresía y la codicia son demasiado atractivos.

 Las políticas económicas significativas del neoliberalismo nos han llevado al actual estancamiento secular. Occidente, bajo el marco de las actuales políticas económicas, solo puede sobrevivir con tipos de interés reales negativos. Pero la implementación de dichas políticas monetarias activa distintas burbujas financieras y/o inmobiliarias. 

Ello supone de antemano reconocer el fiasco de una de las hipótesis más falsas del actual paradigma dominante: la eficiencia de mercados. Además, pone de manifiesto cómo las élites económicas y políticas diseñaron, en ausencia de subidas salariales, un sistema encaminado a sostener una expansión artificial de la demanda. 

La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande. Primero la tecnológica, después la inmobiliaria, y finalmente la de los balances de los Bancos Centrales. 

Ello permitió, a su vez, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo a favor de los más ricos. Sin embargo, sabemos que cualquier intento de fuga hacia delante vía burbujas acabará siendo abortado. Y ahora también. (...)"       (Juan Laborda, Vox Populi, 15/06/17)

La emoción que cosechó la campaña de Trump no fue la ira, ni siquiera la protesta, sino la vergüenza... de un sector demográfico que una vez fue un privilegiado social pero ahora ha sido privado económicamente de sus derechos y que no ve oportunidades, sólo amenazas

"En un vuelo en avión el pasado mes de noviembre me senté junto a una mujer blanca, de unos cincuenta años, una profesional católica del Midwest que me confesó a regañadientes haber votado al cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Decía repudiar el racismo a pesar de estar en contra de las “cuotas” en educación y contratación. 

Estas visiones sintetizan un debate actual sobre si el apoyo a Trump se debe más a la desposesión económica – gran parte de las clases trabajadoras y medias sienten ansiedad y abandono en la economía global – o al racismo, una reacción violenta blanca contra los esfuerzos por acabar con la discriminación y la injusticia.

Este debate sin embargo pasa por encima una confusión crucial: qué significa ser blanco y de clase media depende de concepciones de la raza y la clase que están históricamente entretejidas. Aunque la élite y los profesionales blancos urbanos han mantenido su estatus cultural y social en una economía globalizada, los empleos estables han desaparecido para mucha gente – no sólo industriales, también posiciones directivas. 

Y mientras los empleos técnicos de alta cualificación y bien remunerados  (una forma de trabajo “intelectual”) se concentran en enclaves urbanos, el trabajo de clase media gira en torno a trabajo de servicios con bajos salarios en la precaria Gig Economy, esto es, trabajo temporal sin prestaciones ni seguridad.  (...)

La ‘blancura’ tiene un largo historial como pilar del estatus de clase, asegurando respetabilidad y legitimidad para aquellos que se imaginan a sí mismos como protagonistas de la historia (blanca) americana. Para muchos blancos, perder estatus económico implica una profunda pérdida de identidad y pertenencia cultural – no sólo ansiedad económica, sino también ansiedad cultural.

Puede parecer contra intuitivo para los cristianos blancos de clase media, por ejemplo, sentirse perseguidos cuando ellos siguen siendo una mayoría nacional y controlan puestos en el gobierno y la dirección de empresas. Pero la victoria de Trump (ajustada e impopular) amplifica las quejas de los blancos desposeídos culturalmente, en un sentido antropológico amplio.  (...)

Los desplazamientos económicos asociados con la globalización neoliberal exacerban las divisiones entre los blancos urbanos y profesionales y las crecientes capas plebeyas precarizadas, en formas que se desarrollan tanto a través del gusto y el consumo cultural como de ansiedad económica.  (...)

Hoy día la blancura sigue estando vinculada al estatus de clase (y la posición cultural), donde ‘blanco’ a menudo es una marca de ‘clase media’. Los blancos pobres, por el contrario, están racialmente marcados, denigrados por ejemplo como ‘basura blanca’ (la gente pobre de color directamente no requiere una designación específica). (...)

Después de la crisis económica de 2008 los empleos de alta tecnología y alta cualificación se recuperaron, así como lo hicieron los empleos del sector servicios temporales y de baja cualificación; fue propiamente el estrato medio el que se evaporó, dando lugar a “la transformación de América de una economía industrial a una de servicios que ha privilegiado la élite educada y limitado las posibilidades de movilidad social para aquellos sin educación superior”, como subrayó la antropóloga Kaushik Sunder Rajan. 

Describiendo a los blancos que perdían derechos, especialmente hombres, continúa diciendo: “lo que queda es un sector demográfico que una vez fue un privilegiado social pero ahora ha sido privado económicamente de sus derechos y que no ve oportunidades, sólo amenazas – tanto a su subsistencia como a sus derechos – que a menudo vienen de otros que no se parecen a ellos”.

El antropólogo David Graeber vincula especialmente el vaciamiento de la clase media – trabajo del conocimiento muy bien remunerados en un extremo, ‘curros’ poco fiables en el sector servicios en el otro – a la financiarización de la economía en la cual el beneficio del negocio no viene de bienes manufacturados, sino de instrumentos financieros (a menudo opacos). 

Al mismo tiempo, las clases directivas (los “PMC” de los Ehrenreich) recientemente alineadas con las élites financieras reemplazan al electorado de clase trabajadora en la política de izquierdas (como los “Nuevos Demócratas” de Bill Clinton). 

Los PMC se convierten así en el rostro del capitalismo para las clases trabajadoras crecientemente desposeídas, excluidas tanto de la creación de riqueza como de las instituciones de reparto de credenciales (como las universidades) necesarias para unirse a los escalones medio-altos.  (...)

Pero finalmente, sostiene Haslett, la emoción que cosechó la campaña de Trump no fue la ira, ni siquiera la protesta, sino la vergüenza.  Y es precisamente vergüenza lo que muchos sintieron cuando perdieron su capacidad de subsistencia, especialmente aquellos hombres que vivieron el desempleo como una pérdida de su masculinidad.

 En su libro de 2012 El fin del hombre, Hannah Rosin detalló las dificultades que tenían los hombres blancos de clase media, particularmente en las ciudades empresariales, cuando los empleos respetables se dieron a la fuga.

 Ella describe esposas que asumieron el tradicional rol de ganador-del-pan porque estaban dispuestas a aceptar posiciones menos prestigiosas – y peor pagadas – que sus maridos. Aunque la dominación masculina no ha desaparecido, la explicación de Rosin captura la política de género de una economía de servicios postindustrial que trastoca radicalmente los roles de género tradicionales y mina la autoestima de muchos hombres.   (...)

Pero las elecciones de Trump ponen al desnudo las amenazas que mucha gente blanca percibe no sólo a su posición económica, sino a su sentido básico de identidad y pertenencia.

La insufrible blancura de la clase media evanescente

En el malestar general postelectoral del pasado noviembre, yo traté desesperadamente de entender a los votantes de Trump, especialmente a los más reacios. Mi compañera de asiento en el vuelo del avión estaba igualmente frustrada con el estado del debate político en EEUU, y (a pesar de haber votado una vez como demócrata) se sintió calumniada por los liberales de la costa este.

Como alta directiva en una institución financiera, había crecido en el rural Iowa y estaba viviendo en la suburbana Miinneapolis. Aunque había tenido éxito profesionalmente sin un título universitario, eventualmente obtuvo uno auxiliar requerido para la promoción. No le gustaba Trump y se atormentaba con el voto. 

Pero odiaba más a Hillary, percibiendo a esta candidata como irremediablemente corrupta, a pesar de su deseo porque hubiese una mujer presidente – “solo que no ésta”. La mañana de las elecciones, me contaba, se levantó desgarrada, pero finalmente sus visiones pro-vida triunfaron sobre otras consideraciones – principalmente la perspectiva de una Corte Suprema de justicia que fuese conservadora.

 De muchas maneras, ella encajaba con el perfil del votante reacio a Trump – blanca, estable financieramente, sin titulación universitaria, y ansiosa sobre el futuro económico de sus hijos.  (...)

Estaba resentida con las familias migrantes que conocía, convencida de que estaban teniendo “bebés para echar el ancla” en vez de vivir según las reglas. Y se sintió censurada en sus puntos de vista por una familia y unos colegas liberales, moviendo el dedo e imitando a una sobrina que despreciaba sus puntos de vista sobre el feminismo y los derechos de los homosexuales.

Este sentido de persecución refleja el sentimiento de exclusión respecto de la clase credencializada y la esfera cultural de las élites costeras. Los defensores de un mundo igualitario tienen razón al denunciar la primacía de los sentimientos blancos sobre las privaciones de los marginalizados, especialmente porque la marginalización asegura un orden social devastadoramente desigual. 

Pero es también necesario fundamentar la pérdida de estatutos y reconocimiento cultural percibidos – de sentir que la experiencia de clase media blanca y cristiana se ha descentrado – en la reorganización de la clase media y los perversos incentivos del capital global. Contrarrestar el apoyo que recibe el nativismo y el autoritarismo en los EEUU y otros lugares significa enfrentar estos desplazamientos económicos y culturales más amplios."                        (Jordan Kraemer, Sin Permiso, 04/07/2017, en Counterpuch)

26.7.17

En Holanda os llaman vagos, a los españoles, a los italianos, a los griegos, pero los holandeses se quedan vuestros impuestos... pues Holanda es un paraíso fiscal que ha servido a las multinacionales españolas para eludir su pago en España

"¿Por qué su ministro de Economía Dijsselbloem nos llama vagos tan a menudo?
 
Porque sabe que la mayoría de los holandeses piensa que los españoles, los italianos y los griegos se aprovechan de ellos para llevar una buena vida de fiesta y siesta al sol.

Pues me alegro de que no le haya ido bien en las elecciones: su partido se ha hundido.

Pero él aún es el político más popular de Holanda gracias a ese tipo de declaraciones que halagan los más bajos instintos supremacistas y tribales de mis conciudadanos.
De esos hay en todas partes.

Pero lo que no cuenta Dijsselbloem es que, en realidad, Holanda es un paraíso fiscal que ha servido a las multinacionales españolas para eludir el pago de sus impuestos en España con esquemas que acaban llevándose el dinero que debería financiar la sanidad y la educación ­españolas a paraísos fiscales.

Y de paso financian la sanidad y la educación de holandeses que nos llaman vagos.

Las multinacionales obtienen beneficios en España y en otros países de la UE, pero pagan sus impuestos en Holanda –con un tipo mucho más bajo– y, desde allí, los reenviamos a las Antillas Holandesas y otros paraísos fiscales donde ya no tributan nada.

A esa triangulación la llaman el sandwich holandés y hace años que se practica.

Maniobras parecidas diseñó en su día el presidente de la Comisión Europea, Juncker, cuando trabajaba en su país, Luxemburgo.

Debería haber dimitido ya sólo por eso.

Lo curioso es que esos mismos que, cuando proponemos avances sociales, nos acusan de utópicos son los que luego fomentan la elusión fiscal. Y esa sí que la consideran realista.

Lo bueno es que, legal o no, la mayoría de los europeos ya no la toleramos

Es que no podremos financiar más pensiones ni mejores servicios para todos si ellos se llevan el dinero de los beneficios, tras pagar sueldos menguantes, a paraísos fiscales.

¿Qué propone usted para aumentar nuestro bienestar?

¿Sabe por qué la socialdemocracia europea está en crisis?

Podríamos discutirlo durante horas...

Pues porque ha tenido éxito. Ha logrado que nadie discuta las pensiones, antaño sólo de izquierdas, ni la sanidad gratuita y universal ni el derecho a la educación. Su programa ha triunfado tanto que ya nadie lo cuestiona. (...)"               (Rutger Bregman  , Sin Permiso, 21/06/2017)

¿Qué pueden hacer los ayuntamientos para crear empleo?

"Uno de los fenómenos más interesantes y positivos para el país ha sido el surgimiento de nuevas fuerzas políticas enraizadas en los movimientos sociales y vecinales que han iniciado una dinámica de cambio a nivel municipal que está transformando España.  (...)

No es por casualidad que los países donde los ayuntamientos tienen menos poder sea también donde los Estados han estado más centralizados y donde las fuerzas conservadoras han tenido mayor influencia sobre tales Estados. España (junto con Italia, Grecia y Portugal) es un claro ejemplo de ello.

Por el contrario, los países donde los ayuntamientos son más poderosos tienden a ser los países en los que las fuerzas progresistas han tenido mayor poder, como ha sido el caso de los países escandinavos, tales como Suecia y Noruega.

Cosas que podrían hacer los ayuntamientos para crear empleo

 (...) Y una de las políticas más interesantes es que a partir de la expansión de los servicios públicos municipales y su desprivatización que está ocurriendo en muchos de estos municipios, sus ayuntamientos están utilizando la actividad contractual de las autoridades locales para influenciar los salarios y condiciones de trabajo de la entidades y empresas que trabajan para el ayuntamiento, sean éstas públicas o privadas.

 Pero hay otras medidas que no se han introducido todavía en España, y que merecen explorarse. Me permito sugerir dos. 

Una es aprobar una norma de manera que en cualquier tipo de preparación de alimentos, la persona que maneja el dinero no pueda manejar el alimento (preparar el bocadillo y/o ofrecerle una tapa). 

Esta medida debería ser obligatoria, pues el dinero es muy anti-higiénico (no estoy haciendo una valoración moral sobre el dinero como tal, sino una observación higienista). (...)

Tal medida, además de mejorar la higiene en la provisión de alimentos, crearía mucho empleo, pues no permitiría que una persona que manipula los alimentos también manipulara el dinero. Y donde dicha medida se ha aprobado y llevado a cabo, se ha creado mucho empleo. Soy consciente de que se me dirá que las nuevas máquinas que se han estado instalando para poder pagar en los bares están ya eliminando a los trabajadores que hacían antes tal función. 

Ahora bien, el impacto ahorrador en fuerza de trabajo de dicha maquinaria se está exagerando, pues verán ustedes que siempre hay una persona detrás de la máquina para asegurarse de su correcto funcionamiento. En realidad, el objetivo mayor de tal inversión no ha sido tanto eliminar puestos de trabajo, sino controlar mejor la manipulación del dinero, pues siempre hay una persona que comprueba el uso y el funcionamiento de dicha máquina.

El control de la calidad de los restaurantes: otra medida higiénica y de creación de empleo

Otra medida de gran importancia -y de un gran impacto en el control de la higiene de los alimentos- es poner en la entrada de todo restaurante, la nota de salubridad e higiene del local y de la cocina provista por la inspección de salud pública de la ciudad. Si usted va a Nueva York, verá que estos locales tienen una letra, A-B-C y D (tienen que ponerla). Y si un restaurante tiene una C o una D, tiene problemas graves de imagen.

 Más de un restaurante famosísimo ha tenido que soportar el oprobio y vergüenza de tener una evaluación negativa. Se ha convertido en una carta de presentación de enorme valía. Y ha sido sumamente eficiente y popular. En realidad, siempre que las autoridades locales apuestan por la defensa de la salud de la población, el apoyo popular es enorme.

No hay asociaciones de restaurantes que puedan parar tales medidas. Ni que decir tiene que esta medida crearía muchísimo empleo en el área de inspección sanitaria, tema en el que las autoridades locales siempre encontrarán un gran apoyo.

¿Cómo se pueden pagar estas medidas?

 Sé que mucha gente se preguntará cómo se puede pagar todo esto. Y la respuesta no es difícil. Lo que las autoridades locales tienen que hacer es relacionar la popularidad de las medidas públicas (y, repito, que si estas medidas son para proteger la salud de la ciudadanía, garantizo pleno apoyo popular a ellas) con la fuente del dinero para pagarlas.

 Hace unos días di una charla en Palma de Mallorca sobre estos temas. Uno de los retos en tales ciudades o autonomías turísticas es precisamente obtener más fondos de los turistas para beneficiar a toda la población. La evidencia económica de que el monocultivo del turismo no es bueno para una ciudad, o para una autonomía, o para un país es enorme. 

He sido crítico con la excesiva dependencia que hay en España del turismo, el cual está dañando la calidad de vida de la mayoría de la población. Y lo que encuentro auténticamente escandaloso es que la sociedad y su Estado se beneficien muy poco de tal sector. El pago de 1 ó 2 euros por noche (el impuesto turístico) es indicativo de ello.

Para empezar, la tasa turística solo existe en dos Comunidades Autónomas, en Cataluña que surgió en 2012 y en Islas Baleares que surgió en 2016. Por tanto, el primer gran problema que hay que resolver es que se debería expandir la tasa turística al resto de España. 

No solo eso, nos encontramos que el pago de 1 ó 2 euros por noche (el impuesto turístico) es indicativo de lo poco que se beneficia la población de este sector. En Palma de Mallorca la tasa turística varía de 25 céntimos (campings) a 2 euros (hoteles) por noche y persona, una de las tasas más bajas en las zonas turísticas del mundo; en París, tal tasa oscila de 22 céntimos a 4,4 euros; en Bruselas de 2,15 a 8,75 euros; en Berlín la tasa turística representa el 5% de la factura de estancia por día y persona; en Ámsterdam también un 5%; en EEUU va de un 5% a un 7,5% de la factura, dependiendo del tipo de alojamiento; y así un largo etcétera.

 Y una nota interesante a añadir, es que tales fondos van al ayuntamiento para el uso que consideren apropiado. En España se distribuyen los fondos recaudados con las CCAA, como por ejemplo, ha sido el caso de Barcelona que pese a sus reiteradas peticiones de recaudar el 100% del impuesto, solo se queda con la mitad del mismo. Y ahí está parte del problema. 

Es esencial que en la muy necesaria redefinición de la Constitución Española se de mucha mayor autoridad y poder a los ayuntamientos. El caso del turismo es un claro ejemplo de ello. (...)"        

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 7 de julio de 2017, en www.vnavarro.org, 07/07/17)

En Galicia ganó Errejón

"No era tan esperado como la séptima temporada de Juego de tronos, pero casi. El decisivo plenario de En Marea, la confluencia rupturista gallega que decidió convertirse en un partido de adscripción individual en una asamblea fundacional de Vigo, hace exactamente un año. 

En el Palacio de Congresos de Galicia, el pasado sábado, Luís Villares, el que había sido candidato a las autonómicas, impuso sus tesis, y sobre todo su liderazgo. Las propuestas de la coordinadora que él encabeza obtuvieron sobre el 55% de los apoyos, con un 45% de rechazo, pero esa sería una lectura tan apresurada, llamativa e inexacta como un titular de apertura de un informativo de televisión. 

Si pasamos los porcentajes a números absolutos y redondos, fueron 250 a 200: la segunda fuerza política de Galicia ―aunque empatada a escaños con el PSdeG-PSOE― no logró reunir ni medio millar de personas en una asamblea decisiva, después de meses calentando el ambiente con debates sobre liderazgos y proyectos políticos. Como los boxeadores que, agotados, se apoyan el uno en el otro para mantenerse. Y con el público empezando a abandonar el recinto.

Pese a que había dos bandos claros, ni eran claramente definibles, ni el dilema era mar o montaña, nacionalismo o unidad popular, a quién quieres más a mamá o a papá. Si quieren un titular televisivo, sería “En Galicia ganó Errejón”. Por ejemplo, Villares, al igual que el antiguo número 2 de Podemos, consideró públicamente un error no haber aprovechado el resultado de las primeras elecciones generales para descabalgar a Mariano Rajoy. 

Pero Errejón ni estuvo en el Palacio de Congresos, ni se le esperaba, ni nadie lo reivindicó. De hecho, Podemos ni apareció por allí. Lo que ganó, por los pelos, fue la apuesta de consolidar la organización (la conversión en un partido tradicional, según los críticos) y quizá una visión política más transversal (socialdemócrata o directamente de centroderecha, en la versión de los perdedores). 

La confluencia gallega no es Juego de tronos (no hay tronos, ni bodas sangrientas, y los apuñalamientos son simbólicos), pero sí juegos de alianzas tan cambiantes como en la ficción de George R. R. Martin. Los primeros pasos de cualquier proceso de crecimiento son ilusionantes, pero en el caso de En Marea viene a cuento aquel consejo de Churchill de que no se llega al final de un viaje si te paras a tirar piedras a cada perro que te ladre. 

En Marea era en origen la alianza de tres fuerzas, Podemos, Esquerda Unida y Anova, que en 2015 habían generado ―no todos no siempre― mareas municipalistas varias, con éxitos como las alcaldías de Santiago, A Coruña y Ferrol. Un año después logró asaltar ―en sentido figurado, ojo― el Congreso de los Diputados, seis diputados al primer intento, cinco en el segundo. 

La Marea es la heredera de la también exitosa Alternativa Galega de Esquerdas (AGE), la suma de Anova (una organización conformada por el partido que creó Xosé Manuel Beiras al irse del BNG, organizaciones independentistas y ecologistas) y EU para las elecciones gallegas de 2012. La heredera en todos los sentidos: AGE había protagonizado otro blitzkriegen el Parlamento de Galicia, de 0 a tercera fuerza, pero acabó la legislatura con dos de los nueve diputados en el grupo mixto y los dos líderes, Beiras y la secretaria de EU, Yolanda Díaz, distanciados.  (...)

Así que un mes después de las elecciones generales la convocatoria de autonómicas los cogió sin candidato. Beiras tenía una edad, Yolanda Díaz se había autodescartado al haber escogido la Carrera de San Jerónimo, y los alcaldes de A Coruña, Xulio Ferreiro, y Santiago, Martiño Noriega, acababan de aterrizar en las alcaldías. 

Menos de dos meses antes de la jornada electoral aceptó el reto Luís Villares, un magistrado del Tribunal Superior de Galicia que había llegado a la Audiencia Nacional con 32 años. Fue refrendado como candidato ―único― por el 86% de los 8.000 participantes en las primarias. Sin embargo la emoción se mantuvo hasta el último minuto. 

Podemos Galicia, en donde los cargos duran menos que un Stark en la corte de Desembarco del Rey, se resistía a la integración e incluso había elegido una candidata a la presidencia de la Xunta. El acuerdo llegó in extremis, mediante un tuit de Pablo Iglesias, cuando quedaban apenas tres semanas para el comienzo de la campaña electoral.  

Pese al resultado (un 20% de los votos, sorpasso al PSdeG), o a consecuencia del incumplimiento de las expectativas propias, desde entonces el debate derivó hacia la cuestión de si la portavocía de la organización debería ser una fija ―Villares― o trina y rotatoria, y si ser portavoz(-es) orgánico(-s) era compatible o no con ocupar cargos institucionales o partidarios. 

En las elecciones para el Consello Nacional, en enero, concurrieron una lista oficialista (con el beneplácito de los tres partidos más Marea Atlántica, la que gobierna en A Coruña) que encabezaba Villares y llevaba en su programa las tres portavocías, y dos listas más que sí preconizaban que el exmagistrado fuese, además de portavoz parlamentario, el de la organización. La lista oficial sacó más representantes, pero en ella también había partidarios de un liderazgo único. 

Xosé Manuel Beiras lo resumió sin tener que echar mano de su enorme bagaje teórico: "Si llegamos a ganar las elecciones, hoy sería presidente de la Xunta ¿Y qué iban a decir? ¿Que no podía ser portavoz de no sé qué? ¿Están de broma o qué coño es eso? Hay que dejarse de caralladas y apoyar a Villares”. 

Quienes no estaban por la labor eran los alcaldes de A Coruña y Ferrol. Es decir, Marea Atlántica y Esquerda Unida preferían la opción trina y en Podemos y en Anova unos sí y otros no, como los pimientos de Padrón. En abril, la elección de la coordinadora (la ejecutiva) se saldó con 18 votos a favor de la portavocía única, y 12 (Marea Atlántica, la dirección de Anova) que se negaron a votar.  (...)

En la resaca del plenario, no es que ninguno de los bandos se muestre satisfecho. Yolanda Díaz pidió la "refundación" de En Marea. El alcalde compostelano, Martiño Noriega ―que tampoco―, asumió un perfil bajo: “Soy dueño de mis silencios y mis asistencias”, señaló. Luis Villares se limitó a comentar que “los que no asistieron es que tendrían otras ocupaciones”, pero reconoció que “sería un irresponsable si no estuviese preocupado”. 

La verdad, la mayoría de los que conocen por dentro el proceso, quieran ser identificados o no, coinciden en que la brecha va a ser muy difícil de soldar. “La convivencia entre gente que se enfrentó a cara de perro, que protagonizó escisiones, es prácticamente imposible”, reconoce una fuente. Rodríguez ve cercana incluso la posibilidad de una escisión: “Podemos solo quiere una coalición electoral, el volante está en Madrid, y allá no interesa una En Marea que vuele mucho por sí misma. 

Y EU tampoco quiere que se consolide un partido”. “Si se consolida la fusión IU-Podemos, probablemente lo que intenten en Madrid es hacer algo con Xulio Ferreiro de referente institucional y el soporte orgánico de EU”, aventura un exdirigente de Anova que no se considera representado en ninguno de los bandos. Daniel Cao se muestra más optimista. 

"Estamos en un punto de inflexión grave, pero esto no es una cuestión de nacionalismo o no, aquí nadie defiende esas posturas reaccionarias de la unidad de España, como alguna izquierda tradicional. El debate es entre concepciones políticas antagónicas. Pero en las elecciones que vengan seguiremos apostando por un espacio de unidad”.  

Quizá el titular televisivo apresurado, llamativo e inexacto sea aquello que le decía Humpty Dumpty a Alicia: “La cuestión es saber quién manda..., eso es todo”.                  (Xosé Manuel Pereiro , CTXT, 19/07/17)

El gigante de la sanidad privada ha ingresado 2.608 millones de dinero público en cuatro años

"El holding de empresas de sanidad privada IDCSalud ha ingresado 2.608 millones de euros de dinero público entre los ejercicios de 2012 y 2015, los últimos de los que consta información en el Registro Mercantil, tal y como ha verificado infoLibre. 

Esta cifra supone el 55,6% de la facturación total del grupo en este periodo –que alcanzó los 4.689 millones de euros– y proviene principalmente de concesiones administrativas y diferentes tipos de conciertos (procedimientos diagnósticos, prestaciones sanitarias…) en diversas comunidades autónomas, según confirma un portavoz autorizado de la compañía a preguntas de este periódico. (...)

IDCSalud –que cambió su denominación a Capio Sanidad entre los años 2005 y 2013– se hizo hueco en el sector sanitario a mediados de los noventa especializándose en un jugoso negocio, el de la disminución de las listas de espera del sistema público prestando esos servicios (diagnóstico por imagen, intervenciones quirúrgicas, diálisis, rehabilitación…) en centros privados. 

Desde entonces y hasta ahora esa línea de negocio centra buena parte de sus ingresos. De hecho, según datos de la Fundación IDIS, organismo en el que están representadas las principales empresas de la sanidad privada junto a algunas compañías suministradoras, el 11,8% del gasto sanitario público se destina a la partida presupuestaria de conciertos.

De ahí IDCSalud pasó a la gestión privada de centros sanitarios públicos a través del llamado modelo Alzira de concesiones administrativas que incluyen la gestión de servicios sanitarios y por el que actualmente gestiona cuatro hospitales públicos en Madrid. 

La Fundación Jiménez Díaz, que mantiene un concierto singular por el que tiene transferida la atención sanitaria de más de 420.000 pacientes del sistema público; el General de Villalba, en Collado Villalba; el Rey Juan Carlos, en Móstoles; y el Universitario Infanta Elena, en Valdemoro.

El modelo de centros sanitarios públicos gestionados totalmente por empresas privadas es el siguiente: la Administración encarga a una empresa la construcción del edificio y, a cambio, ésta recibe un canon anual por prestar la atención tanto sanitaria como no sanitaria a los ciudadanos de la población de referencia de ese centro. 

Cuando las concesiones vencen, si no hay prórrogas, revierten a la Administración que, mientras tanto, es simplemente una inquilina en el edificio. Ribera Salud, pionera de este sistema en la Comunitat Valenciana, e IDCSalud son los principales agentes de este modelo de sanidad privatizada."                  (Elena Herrera  , infolibre , en Attac , Madrid, 11/07/17)

21.7.17

Si la economía española se recupera, ¿por qué sigue subiendo la deuda pública?

"El Banco de España ha publicado los datos de deuda del conjunto de las administraciones públicas correspondientes al mes de mayo y no hay buenas noticias. Tras el descenso de abril, la deuda pública ha vuelto a subir y, ojalá nos equivoquemos, porque pese a que las previsiones apunten a lo contrario, la realidad es que la tendencia es ascendente. 
En concreto, la deuda pública se incrementó respecto al mes anterior en la nada despreciable cantidad de 7.869 millones de euros. Casi ocho mil millones más que habrá que devolver a sus acreedores antes o después y que sitúan el volumen total de deuda en 1,124 billones de euros, con b. Si ponemos los ceros, estaríamos hablando de 1.124.000.000.000 euros. Casi nada. (...)

La pregunta que deberíamos hacernos es: si la economía española se recupera, ¿por qué sigue subiendo la deuda pública? En un contexto de crecimiento económico como el actual, con una tasa de crecimiento del PIB del 3,2% en 2016 y probablemente en torno al 3% este año, no somos capaces de amortizar deuda.

No podemos olvidar que antes del comienzo de la crisis, en el año 2007, la deuda pública de nuestro país ascendía a 384.000 millones de euros, equivalente al 35,5% del PIB. Hoy esta cifra suena a ciencia ficción. Parece que nos hemos acostumbrado a que lo normal es deber más de un billón de euros, y no es así. (...)

En alguna ocasión hemos comentado que la solución para reducir la deuda pública pasa inevitablemente por crecer. Sin crecimiento no se podrá reducir la deuda. Es un imposible. Sin embargo, crecemos y la deuda no mengua. Esto es así porque a pesar de que la pagamos, seguimos endeudándonos y provocando el efecto bola de nieve.  (...)

Crecimiento y contención de gasto forman la única ecuación que conseguiría que el ratio de deuda con respecto al PIB se rebaje poco a poco. De lo contrario, no quedaría más remedio que exponernos a una quita, lo cual tendría nefastas consecuencias para nuestro país."              ( , El blog salmón, 18/07/17)

El Credit Suisse ha bautizado el estado de ánimo actual como el de las Sociedades Enfadadas, lo que indica que las señales de alarma ya se han encendido. Las condiciones objetivas para una revuelta social están dadas

"Los principales ejes económicos del sistema capitalista actual están cada vez más preocupados por el devenir social, a pesar de que las cifras macroeconómicas en las principales economías les sonrían. Sin embargo, el eslabón que se comunica con el activo más miedoso, el dinero, es decir, la banca, ya ha empezado a dibujar un panorama oscuro fruto del fracaso de la inserción de gran parte de la población expulsada tras la última debacle del sistema a partir de 2008.

 El Credit Suisse ha bautizado el estado de ánimo actual como el de las Sociedades Enfadadas, lo que indica que las señales de alarma ya se han encendido, sin que los gestores públicos y privados que manejan el cuadro de mandos mundial sepan las consecuencias que puede tener si este aparente enfado culminase con algo peor.

 Las condiciones objetivas para una revuelta social están dadas, aunque algunos mecanismos internos de solidaridad intergeneracional están retrasando el estallido. El intento por convencer a gran parte de la población que ya hemos salido de la crisis y que el crecimiento ha llegado para quedarse no ha cuajado, máxime si gran parte de esta población apenas ha visto mejorada su situación. El ejemplo español es palmario.

 España se vende en los foros internacionales como el gran milagro, tras encadenar 15 trimestres consecutivos de supuesto crecimiento del PIB, muchos sabemos el déficit estadístico que nadie quiere revertir, pero nunca enseñan la diapositiva en la que se muestran las miserias de los afectados por la gran recesión que nos asola.

 Pensionistas que ya no verán mejorar su poder adquisitivo de forma estructural, jóvenes que se mantendrán en el mercado laboral a base de contratos basura y con sueldos miserables, incapacidad de poder emanciparse, salvo compartiendo una habitación, mayores de 45 años que nunca más volverán a trabajar, en suma, toda una generación que, por primera vez en la reciente historia, vivirán mucho peor que sus padres. Cada vez hay más hogares que saben y sufren que el crecimiento ya no es sinónimo de prosperidad.

 Los más audaces siguen apostando que esta situación es la lógica tras el enorme socavón que supuso la crisis de 2008 y que el mecanismo autorregulador del sistema equilibrará la situación, transfiriendo parte del excedente empresarial a los asalariados, casi por arte de magia.

 Los incautos también celebran como algo muy positivo que la tasa de ahorro sobre renta disponible haya marcado un mínimo desde 2009, el 7%, lo que demostraría que las clases medias y bajas se habrían quitado el corsé del ahorro precaución, porque ahora ya les sonríe otra vez la tarjeta de crédito y el crédito al consumo. Eso sí, en un país donde el 60% de la población no puede ahorrar y cuyas familias se han desapalancado casi 20 p.p de PIB desde 2009.

 Los portales inmobiliarios han fechado el fin de la crisis inmobiliaria y la vuelta a la compra de viviendas, aunque la estrella ahora sea el alquiler, y dentro de éste, el compartido por obligación, que es lo que ahora ha bautizado el grupo Prisa como el boom de la economía colaborativa dentro del auge del emprendimiento. Las nuevas generaciones saben que trabajarán a tiempo parcial por imposición y consumirán todo compartido, también por imperativo de la nueva economía, mal llamada colaborativa.

 El primer efecto de esta nueva realidad social es que, tras abominar de la compra de una vivienda, y para parecernos al resto de Europa, los españoles se lanzaron a alquilar viviendas, pero la pericia de los propietarios ha logrado que los precios crezcan de forma exponencial, y que zulos sin ascensor de 35 metros cuadrados se alquilen por más de 1.000€/mes en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

 Por supuesto, los puristas del sistema argumentan que esto es solo un problema de oferta y demanda y que si se alquilan a ese precio es que hay renta suficiente, y que es una señal de la salida de la crisis. Este es el precio de no tener una política social de vivienda que incluya control de rentas, como en Alemania o Francia.

 Pero en todo este proceso de autobombo hay eslabones que no encajan. ¿Por qué si la renta ya es la misma que antes de 2008, no se ha recuperado todo el empleo y las horas trabajadas? Si en 2011 el sistema de la Seguridad Social estaba en equilibrio, ¿por qué ahora presenta un déficit estructural del 1,5% del PIB?. Si el empleo crece a tasas del 3,5%, ¿por qué los salarios netos de horas trabajadas e inflación caen casi un 6%?

 La pregunta tal vez más difícil de contestar es si tras la euforia desatada por el turismo, ¿cómo es posible que en la hostelería y la agricultura se sigan dando los casos de esclavitud, como el de  las camareras de piso o los temporeros? Y si todo esto es poco, ¿por qué las cifras de pobreza relativa de organismos como Cáritas siguen empeorando?

 Todas estas dudas metafísicas son las que gobiernos y economistas lúcidos, que los hay, deberían ser capaces de contestar a la ciudadanía y así poder revertir el estado de ánimo que muestran las encuestas.

 Los más militantes aducen que la eclosión del turismo nacional, aunque más de un 60% de la población no puede coger una semana de vacaciones al año, es la mejor señal que la crisis ya ha pasado, y que los ciudadanos ya no tienen miedo a gastar, como lo prueba el barómetro de las cuentas financieras recientemente publicadas.

El gran problema sigue siendo el uso torticero y parcial de las estadísticas. Siempre hay datos o fuentes alternativas que demuestran lo contrario a la situación social actual, fruto de la maraña de series estadísticas, de dudosa calidad y fiabilidad, siendo los salarios y los precios de la vivienda los exponentes más claros. 

Por ello es tan urgente acometer una profunda remodelación del INE y ponerlo al mismo nivel que los institutos internacionales, como puede ser la BLS americana, cuyas cifras nadie discute. A falta de datos reales, objetivos, y sobre todo recientes y actualizados, la realidad social nos la tiene que contar sus protagonistas, casi de viva voz.

Probablemente hayamos entrado en la fase más desigual que recordemos, siempre en términos relativos, pero lo más dramático es que la sociedad ya no tiene herramientas para luchar contra ello. Las últimas reformas laborales, las de Zapatero y Rajoy, han logrado que la negociación colectiva prácticamente desaparezca de facto, que no de iure, lo que se ha logrado vender como revulsivo para poder crear empleo con bajas tasas de crecimiento.

 La vieja idea que España no crecía ni exportaba por la rigidez laboral y los elevados costes laborales ya es historia. Ahora nos queremos parecer a Alemania que exporta y apenas consume dentro, casi lo mismo que nosotros.

 Por todo ello, no parece sorprender que surjan movimientos extraparlamentarios que compensen la inacción del ejecutivo y el legislativo. La democracia parlamentaria es útil siempre que esté pegada al terreno y tenga los mecanismos suficientes para revertir externalidades negativas de la avaricia del capital, como es el caso que nos ocupa. 

Las mayorías silenciosas, porque muy combativas ya no son, pueden irse abriendo camino hasta reventar el maltrecho pacto social que la vieja socialdemocracia firmó a finales de la II Guerra Mundial. No se trata de revanchismo, sino de restablecer la regla de oro que nos ha perseguido desde que tenemos uso de razón: que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. 

Si no es así, veremos a pensionistas trayendo nuestras pizzas de Deliveroo, nuestra habitación en casa paterna y materna alquilada para pagar la dentadura, los temporeros cogiendo lechugas a 2cts/euro y las camareras de piso limpiando nuestras habitaciones de Benidorm a 2euros.  Todo eso será parte del milagro de crecer quince trimestres consecutivos, ahora al 3,5%. Financiamos el crecimiento con desigualdad."                 (Alejandro Inurrieta  , Vox Populi, 17/07/17)

El independentismo cree que Alemania no debe pagar al sur de Europa, como no lo debe hacer Cataluña respecto al sur de España

"España se ha inspirado en Alemania para corregir su rumbo y ha logrado un superávit en el sector exterior de un 2% del PIB. (...)

Pero ese modelo alemán, que tanto gusta a algunos economistas catalanes, que se inclinan por el independentismo, –creen que Alemania no debe pagar al sur de Europa, como no lo debe hacer Cataluña respecto al sur de España—representa un peligro sustancial no ya para sus socios europeos, sino para el conjunto del mundo.

En este blog se ha incidido en esa idea de forma constante. Es difícil pertenecer a un club en el que uno de sus miembros tiene una relación completamente asimétrica con el resto. Para la zona euro, Alemania es un problema en estos momentos, aunque se hayan encauzado los principales problemas, con una incipiente, pero clara Unión Bancaria. Pero lo es para todo el sistema mundial. 

Los países que se han reunido en el G-20 en Hamburgo han discutido en los últimos meses sobre las trabas que se tratan de imponer al libre comercio. Es Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, el más activo para restringir esas relaciones comerciales, convencido de que algún tipo de proteccionismo deberá imperar para conservar los puestos de trabajo de la economía manufacturada norteamericana.

El semanario The Economist acaba de establecer su doctrina, de nuevo, con dos claros mensajes: Trump se equivoca, Merkel tiene razón al apostar por un libre comercio como garante también de los valores democráticos, pero Alemania debería hacer un esfuerzo por invertir y gastar, porque su exceso de ahorro supone que otros deben endeudarse sin reparos.

Es decir, The Economist le acaba de decir a Merkel que no puede abogar por la libertad de las relaciones comerciales, cuando Alemania está dedicada en cuerpo y alma a las exportaciones, de una forma tan radical que ha logrado tener el superávit comercial más alto del mundo, con 300.000 millones dólares en 2016, por encima de los 200.000 millones de… China.

Es una auténtica asimetría. Se trata del 8% del PIB de Alemania. No es un ahorro de las personas, preocupadas por su jubilación. Es un ahorro de las empresas y del gobierno, de forma enfermiza, una práctica interiorizada, una especie de instinto, como explica The Economist.

Nadie gasta en Alemania

Alemania, además, no está sola. Le siguen los nórdicos, como Suecia, Suiza, Dinamarca o los Países Bajos. Es la economía mundial la que está descompensada. Son las grietas del sistema, como lo explicaba Raghuram Rajan en su libro del mismo título. Y es lo que molesta a Trump, aunque lo explique mal y proponga políticas equivocadas.

 “La creencia de Trump de que los aranceles nivelarán el campo de juego es ingenua y peligrosa: reducirán la prosperidad para todos, pero ha comprendido una verdad incómoda. Él ha advertido a Alemania por su superávit comercial”, señala The Economist.  (...)

No es la primera vez que The Economist advierte de que la posición de Alemania es inasumible. Luego se entienden reacciones como las del Trump, que apunta sin saber muy bien qué se puede hacer. Pero sería necesaria una rectificación por parte de Alemania, para buscar una racionalidad en todo el sistema."                       (Manel Manchón , 09/07/17)

Los mitos democráticos que han sostenido a los Estados Unidos no están funcionando... sólo una escasa mayoría opina que las universidades ayudan al país... sólo el 6% expresa tener amplia confianza en el Congreso...

"Dicen que la estadunidense es el ejemplo planetario de la democracia. Pero si esto fuera democracia, sería todo lo contrario de lo que es ahora. De hecho, tal vez el mensaje implícito en casi todas los sondeos y análisis de la llamada opinión pública se podría resumir con acento argentino: ¡qué se vayan todos!

Tal vez lo más notable en este país –es que el pueblo– tan manipulado con las muy sofisticadas ciencias políticas del manejo exquisito del temor (entre los países avanzados, no hay duda que el superpoder es el más miedoso), la retórica simplista pero efectiva de la libertad y el bien, y el discurso materialista vestido de religión –a fin de cuentas no se la cree. De hecho, cada vez menos. Esto es, a la vez, alarmante y esperanzador.

Por un lado, la creciente enajenación entre el pueblo y las llamadas instituciones democráticas–incluyendo a los medios– permite que surjan personajes protofascistas, como Trump. Por otro, registra que el pueblo sí tiene un sentido común que no se traga la historia oficial de la democracia y que percibe a la cúpula como opuesta a sus intereses. Estas son afirmaciones muy generales y, por supuesto, es mucho más complicado, pero el hecho es que una y otra vez en las encuestas se registra no sólo la desaprobación a los supuestos representantes del pueblo, sino a casi todas sus propuestas políticas.

Tres cuartas partes de estadunidenses opina que tienen muy poca influencia sobre Washington, y mayorías no tienen confianza en casi todas las instituciones nacionales, según una nueva encuesta de Associated Press/NORC. El consenso es que los trabajadores, los pobres y los pequeños comerciantes tienen poco poder en Washington, mientras los grandes empresarios, los cabilderos y los ricos tienen demasiada influencia.

Y, según ese mismo sondeo, la confianza en las instituciones que supuestamente representan a las mayorías es casi nula. Sólo 6 por ciento expresa tener amplia confianza en el Congreso. Catorce por ciento dice tener gran confianza en la rama ejecutiva (la Casa Blanca y todas las secretarías), y 24 por ciento opina lo mismo sobre la Suprema Corte.

Sólo uno de cada 10 confía mucho en las principales empresas, bancos y sindicatos.

Más aún: sólo alrededor de 11 por ciento dice tener gran confianza en los medios noticiosos.

El presidente sigue con niveles de aprobación históricamente bajos. Sólo 36 por ciento avala (y 58 desaprueba) la gestión de Trump, el nivel más bajo del primer semestre de cualquier presidente en por lo menos 70 años, según la encuesta más reciente del Washington Post/ ABC News, difundida este fin de semana. Dos tercios no confía en su capacidad de negociar con otros líderes en nombre de Estados Unidos. 

En torno a sus políticas, por dos contra uno los ciudadanos prefieren la reforma de salud de Obama contra el plan republicano impulsado por el presidente; y contra casi toda la cúpula republicana, 63 por ciento contra 27 opina que es más importante ofrecer seguro de salud para la gente de bajos ingresos que recortar impuestos. Todo lo contrario a la agenda de los que están en el poder.

Pero esto no necesariamente beneficia a la llamada oposicióndemócrata. En repetidas encuestas, desde que llegó Trump, los demócratas en colectivo no gozan de mayor aprobación que el presidente. En la encuesta de ABC News, la más reciente, sólo 37 por ciento señala que el Partido Demócrata representa alguna oposición, mientras 52 por ciento dice que se define sólo contra Trump pero no en favor de algo.

De hecho, esto explica en parte la ausencia de una oposición política más masiva contra Trump a escala nacional –es mucho más presente a nivel estatal y local–, ya que el Partido Demócrata no ha logrado presentarse como la alternativa creíble. Pero vale repetir que en algunos sondeos nacionales el senador autoidentificado como socialista democrático Bernie Sanders continúa siendo el político más popular en este país. Sanders y sus aliados siguen tratando de crear justo esa corriente alternativa dentro del Partido Demócrata, disputando su futuro a escala nacional.

Hay síntomas curiosos que tienen que ver con el momento. Qué hace uno con esto: en una nueva encuesta del Pew Research Center, una amplia mayoría (58 por ciento) de republicanos y simpatizantes cree que las universidades dañan al país. Setenta y dos por ciento de demócratas expresa que son positivas para el país. Supuestamente, uno debe consolarse con que una mayoría opina que las universidades ayudan al país, pero son apenas más de la mitad –55 por ciento. ¿Habrá otro país donde se desprecia tanto la educación superior?

Ah, y 85 por ciento de republicanos opina que los medios dañan al país.

Hasta los príncipes de la cúpula económica del país se han alarmado con que la disfuncion del gobierno sea tan grave que amenaza todo. Jamie Dimon, ejecutivo en jefe de uno de los bancos más poderosos del mundo, JP Morgan, comentó recientemente: Es casi una vergüenza ser estadunidense viajando alrededor del mundo y escuchar la mierda estúpida con que los estadunidenses tienen que lidiar en este país.

John Oliver, el gran comentarista cómico, dijo que cuando supo del último escándalo de Trump –lo de la reunión de su hijo con rusos para recibir información contra Clinton–, su primera reacción fue: ¡Guau! Esto es algo, siempre y cuando sigamos viviendo en un mundo donde algo aún tiene significado, y ya no estoy tan seguro de que sea así.

Todo esto indica que el discurso oficial y los mitos democráticos que han sostenido este país no están funcionando por ahora. ¿Qué implicaciones tiene esto? Algunas ya se están viviendo (el fenómeno de Trump), pero otras están por asomarse. Lo único que se puede concluir es que este país tal vez ya no puede definirse como democracia, pero tampoco es dictadura. Es todo lo contrario.

Tal vez toda esta desilusión explica la crisis en Nevada, donde el gobernador republicano del estado endosó medidas de emergencia para abordar la falta severa de…. mariguana. Es que se agotó ante una enorme ola de demanda, después de entrar en vigor la ley que legaliza la cannabis, el primero de julio."                   (David Brooks , La Jornada)

20.7.17

Gran parte de la fuerza laboral joven que no tendrá oportunidades laborales decentes probablemente nunca, salvo que emigre

"(...) se ha conocido el Informe del Consejo de la Juventud, aunque es tan retrasado que se une a la pléyade de estadísticas inservibles de las que se nutren economistas, analistas y no sé si también el Gobierno. 

(...) las cifras de natalidad en España han vuelto a marcar mínimos, y solo se recuperarán cuando se asienten una nueva generación de inmigrantes jóvenes, cuya propensión a la natalidad es superior a la española, en parte por factores culturales, y a pesar de la ausencia de la red familiar que tanto ha ayudado a los jóvenes españoles. (...)

La raíz de este grave problema se centra en el modelo social y económico que han diseñado las elites, pero también la UE, para las economías pobres europeas. Este modelo se asienta en una apropiación continua y no disimulada de las rentas de las clases medias y bajas para traspasarlas a las elites empresariales que gozan de absoluta impunidad para desvirtuar el mercado laboral.

Este proceso, impuesto desde Bruselas y aplaudido por las organizaciones patronales, consiste en trocear el factor trabajo, cosificar colectivos enteros de trabajadores, mujeres, jóvenes, mayores de 45 años, despojándoles de cualquier poder de negociación, y reducir la retribución a una asignación arbitraria en función de la cuenta de resultados, sin respetar horarios, capacidad, ni formación.

 El propio sistema, pero también la ausencia de pensamiento crítico éntrelas familias, está generando una hornada de jóvenes sobretitulados, que no sobrecualificados como ingenuamente nos intentan engañar, que son pasto de un mercado laboral cada vez menos sofisticado, menos productivo y donde la fuerza laboral es un estorbo, a pesar de la revolución digital.

 Esta progresiva destrucción del factor trabajo, liberalización nos cuentan nuestros amigos neoclásicos, viene acompañada con restricciones presupuestarias de toda índole por lo que hay una gran parte de la fuerza laboral joven que no tendrá oportunidades laborales decentes probablemente nunca, salvo que emigre. 

Así, los nuevos nichos de negocios, mal llamados economía colaborativa, son el epicentro de este nuevo neologismo: no son trabajadores, son prestadores de servicios a demanda. Se conculcan todos los derechos adquiridos, no existe la negociación colectiva, los salarios los fijan la otra parte, y se les ordena la jornada laboral, pero no son falsos autónomos. Por supuesto, la inspección de trabajo mora para otra parte.

 Este progresivo deterioro del concepto de trabajador, también tiene que ver con la progresiva caída de la inversión y productividad a nivel mundial, algo que ya no se puede afirmar que es cíclico, sino estructural, a pesar de la brusca caída de tipos de interés e inflación.

 Si esto se cronifica, y mi apuesta es que así será, veremos generaciones enteras que, no solo vivirán peor que sus padres, sino que serán pasto de la pobreza estructural, por más que se nos bombardee que esto no es más que la fase imprescindible para salir de la crisis en la que caímos en 2008. 

El desprecio hacia el ser humano, hacia el joven, hacia la mujer o hacia el mayor, tiene que ver con la idea de la inmediatez, de la moda y del beneficio rápido y el abandono de cualquier tipo de ética empresarial.

 Esta revolución empobrecedora pretende, además, que las familias procreen, por supuesto sin ayudas, que se emancipen, que compren viviendas, coches y que en la vejez vayan a Benidorm a bailar. Pero la realidad ya es un muy distinta. El votante mediano joven ha dado la espalda a quien todavía cree que este ciclo vital no ha muerto, el que nos enseñaban en la Facultad: Modigliani. 

Hoy estos votantes se han separado de la vieja elite política y empresarial que sigue cosechando fracaso tras fracaso, anunciando que las cosas mejoran porque se crea empleo de una semana, de dos días o incluso de horas. Se adormece al país durante la estacionalidad del empleo, para luego justificar la destrucción porque os turistas se vuelven a sus casas.

 Si el empleo no mejorará, tampoco lo hará el mercado de la vivienda para que puedan tener acceso a vivienda en alquiler social aquellos colectivos que lo necesitan, a precios razonable. 

Los talibanes del mercado siguen lanzando pestes contra cualquier regulación de los precios de alquiler, porque así no se asignan eficientemente los recursos, ya que la teoría de señalización sigue vigente, a pesar de los casos de escasez de oferta de vivienda asequible, y por supuesto a pesar de la eclosión de la nueva moda de alquilar tu casa para poder pagar los estudios de tus hijos o simplemente poder comer. 

Esta sociedad vacía y vieja solo vive pensando en cómo solucionar el problema de las pensiones actuales, drama que se conjurará con más deuda, es decir, pelota hacia adelante. Pero sigue aceptando la destrucción del mercado laboral con una naturalidad propia de colectivos que no estarán aquí cuando esto explote. Tal vez hayamos llegado al punto en que solo nos importa el ahora, y cómo salgo yo de esta encrucijada. 

Pero urge cada vez con más fuerza, un episodio que nos haga salir del marasmo de las trincheras ideológicas y políticas y pasar a la acción real, aunque ello conlleve perdernos el último episodio de nuestra serie favorita. Como ha señalado Unai Sordo, el nuevo Secretario General de CCOO, si los jóvenes no espabilan, su futuro estará completamente muerto."                  (Alejandro Inurrieta  , Vox Populi,  03/07/17)

El 20,2% de la población alemana no dispone de reservas económicas... esto significa que cada enfermedad grave o despido es susceptible de hacerles caer en la pobreza

"La publicación, este mes, del informe anual del gobierno alemán sobre la riqueza y la pobreza, que comprende 600 páginas, ha suscitado una gran controversia puesto que están previstas varias elecciones en diferentes estados y a nivel federal. (...) 

Los hogares pertenecientes al grupo del 10% más adinerado poseen más de la mitad de la riqueza total, mientras que la mitad más desfavorecida de la población se reparte solamente 1% de esta riqueza. Además, el crecimiento no beneficia de la misma manera a un grupo u otro. A propósito de esto, la ministra hizo una comparación muy reveladora: “Las cuatro décimas partes más desfavorecidas de la población asalariada ganaron en 2015 menos que en los años centrales de la década de 1990”.  (...)

Para aprehender la realidad social de Alemania, es útil mirar las estadísticas de la pobreza recogidas por Eurostat. Según esta plataforma, el número de personas en riesgo de pobreza o de exclusión social se elevaba en este país a 16,8 millones en 2015, que representa una proporción del 20,6%. 

Si se compara esta situación en varios países en 2015, estas cifras alcanzan en Francia a 11,05 millones de personas (17,7% de la población total); en Italia, 17,47 millones de personas (28,7% de la población total); en Suiza, 1,48 millones de personas (18,2% de la población total).  (...)

Las contrarreformas de la “Agenda 2010” llevadas a cabo bajo la coalición roja-verde del canciller Gerhard Schröder (SPD) y de Joska Fischer (Verts), introducidas en 2005 (fecha de entrada en vigor de la última ley Hartz IV 2/ , han cambiado hasta tal punto la imagen de Alemania, que hoy se puede hablar, sin exageración, de la “sociedad Hartz IV”.  (...)

La ley conocida como “Hartz IV” y que se puede traducir como “Cuarta ley introductoria de servicios modernos en el mercado de trabajo” condujo a una aguda degradación de las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de las personas afectadas sea de forma directa o indirecta. 

Esto repercute, en la mayoría de las personas, de forma negativa en su salud. El conjunto de la sociedad sufre las desastrosas consecuencias puesto que (después de 10 años de “régimen Hartz”), millones de personas ya no disponen de una relación laboral que les permita el pago de las cotizaciones sociales, lo que significa que no disponen de ninguna protección ante los riesgos elementales de la vida (los salarios de miseria subvencionados en el marco de la “Hartz IV” estaban vinculados a la dispensa de cotizaciones sociales). 

Ahora bien, cuando semejante protección existía a pesar de todo, las personas asalariadas, estaban contratadas de forma interina, temporal, es decir, a tiempo parcial (a menudo, obligatoria). Incluso en el sector público, la proporción de CDD (Contrato de Duración Determinada. ndt) está en alza. La creación de un amplio sector de bajos salarios llevó a aumentar enormemente la presión sobre las personas asalariadas a menudo sometidas a relaciones de trabajo precarias y/o atípicas.

Esta presión suscita problemas de salud, así como enormes presiones psicosociales para las personas asalariadas y sus familias. Desde hace una decena de años, el aumento de la exigencia de rentabilidad, la “caza al retraso” (Terminhetze) así como el estrés permanente están a la orden del día en el mundo del trabajo, lo que enferma a muchas personas.

 Esta realidad no ha caído del cielo sino que ha sido moldeada por la “Agenda 2010” de Gerhard Schröder y las leyes Hartz.

En lugar de ser estimulado por las “reformas” de Hartz IV, el mercado de trabajo alemán ha sido completamente desequilibrado. La fórmula “pequeños trabajos en lugar de puestos de trabajo” resume bien la profunda dinámica de precarización consecuente con el boom de los contratos de trabajo itemporales, trabajo (seudo-)autónomo, “miniempleos” y Ein-Euro-Job 3/. (...)

Werner Seppmann, un filósofo alemán, describe Hartz IV como un “sistema de presión social” cuyas rígidas reglas operan mucho más allá de las personas afectadas por los despidos o el desclasamiento social: “Las reglas propias de de Hartz IV tienen una función disciplinante igualmente entre quienes tienen todavía un empleo, que están estrangulados por el miedo al paro y la degradación de las condiciones de vida que se deriva automáticamente del régimen Hartz”.

 Entre las personas que sufren este régimen “presión social”, Hartz IV deja un sentimiento de impotencia, el sentimiento de estar entregado a una maquinaria, lo que es susceptible de robarles las ganas de vivir.

Una de las consecuencias más destructiva atribuidas a Hartz IV en gran parte de la literatura especializada es la pobreza. Esto se explica por el hecho de que la llamada “seguridad social mínima para personas en búsqueda de empleo” tiene un doble efecto fatal: por una parte, muchas personas, en primer lugar, aquellas que están empleadas en el sector de los bajos salarios o las que tienen un engañoso estatus de autónomos (a menudo, la empresa cuenta con un solo empleado) recurren a las “ayudas Hartz IV” (Arbeitslosengeld II), aunque no osen o no habrían osado probablemente ir al asilo (Sozialamt), molestas por tener que pedir ayuda social para ellas mismas y sus allegados.

 Por otra parte, millones de parados de larga duración, que antes eran beneficiarios de del subsidio del paro (Arbeitslosenhilfe) o que se habrían convertido en beneficiarios, ya no reciben más que una pequeña ayuda o ninguna.

 Este cambio viene del hecho de que los ingresos del compañero o de la compañera del demandante (por ejemplo, el marido o la mujer, o la pareja con un buen sueldo) es tenida en cuenta de forma mucho más estricta en el cálculo de las “prestaciones debidas” (Leistungsanspruch) en el “régimen Hartz IV”, lo que afecta mayoritariamente a las mujeres.  (...)

Sobre la base de entrevistas con mujeres afectadas por las “leyes para la reorganización del mercado laboral” en Berlín, una ciudad de donde un 20% de la población total es obligada a vivir bajo el régimen de Hartz IV, llegó a la conclusión de que “los derechos económicos y sociales de las mujeres no han mejorado con las nuevas reformas del mercado laboral”, sino que están masivamente en peligro a causa de ellas 5/ ”.

 Los jóvenes adultos solo reciben contratos de trabajo temporales (CDD) e intentan apañarse trabajando como pseudo -independientes con contratos remunerados por hora (Honorarverträge) o bien con jobs de auxiliares mal o no pagados en absoluto (Generación precaria).  (...)

Las crisis económicas, financieras y monetarias, pero también las llamadas reformas sociales como las “leyes Hartz”, provocan no solo restricciones materiales sino también daños psico-sociales en términos de salud pública.

 Quienes tienen que apañarse con la tarifa reglamentaria de Hartz IV acompañada del reintegro de los gastos de alquiler y calefacción cuando es el caso, no están en condiciones de alimentarse correctamente ni de participar según su propia elección y gusto en actividades de la vida social, cultural y política. 

Cada restricción se siente de forma atroz y reduce a nada las posibilidades de realización como persona. Por lo tanto, Hartz IV relaciona una morbilidad y una mortalidad más elevadas entre las personas sometidas a este régimen que en un grupo con características demográficas comparables pero formado por personas más ricas y mejor situadas.  (...)

Las personas beneficiarias de las ayudas Hartz IV (Arbeitslosengeld II) solo logran llevar una vida más o menos satisfactoria en casos excepcionales, cuando disponen de factores de resiliencia o de condiciones especiales que las protegen de la pobreza.

La soledad, el aislamiento social, la resignación son las consecuencias casi automáticas de una percepción de las “ayudas Hartz IV” de larga duración o de forma permanente. La angustia sobre el futuro, las crisis de ansiedad, los cambios de humor son verdaderos obstáculos para el bienestar de las personas afectadas, el de sus parejas y el de sus familias.

 Los problemas psicosomáticos, manifestados por dolores de cabeza o de vientre, son para los miembros que son denominados como “hogares Hartz IV”, un problema cotidiano. De la misma forma, se registra entre este sector de la población, un aumento de las enfermedades crónicas así como una tasa más elevada de embarazos de riesgo y de muerte prematura de lactantes. 

Las hijas e hijos de los “hogares Hartz IV”, a menudo, sufren complejo de inferioridad, falta de confianza en sí mismas, de depresión, así como de síndromes que acompañan la percepción de las “ayudas Hartz IV” de larga duración o permanente. 

El espacio reducido unido a las condiciones precarias del alojamiento así como la ausencia de espacios de aislamiento, contribuyen a desfavorecer a estas criaturas en todas las dimensiones de la vida. (...)

Según un estudio del Deutsche Institut für Wirtschaftsforschung (DIW) datado en 2014, el 20,2% de la población no dispone de reservas económicas, mientras que el 7,4% tienen más deudas que ahorros. Para estos dos grupos estadísticos, esto significa, claramente, que cada enfermedad grave o despido es susceptible de hacerles caer en la pobreza.

Las personas afectadas por Hartz IV son objetivo de exclusión social, sufren discriminaciones en casi todos los ámbitos de la vida y padecen cotidianamente la experiencia de sentirse en desventaja. (...)"          (Christoph Butterwegg, Viento Sur, 11/07/17)

Para atender a los ancianos de mañana basta con que haya suficientes trabajadores empleados en el futuro produciendo alimentos, vivienda, energía eléctrica, vestimentas y servicios sanitarios, ocio y cultura en cuantía suficiente para atender al conjunto de la población... y que las pensiones sean financiadas directamente por el banco central

"(...) Sin comprender el funcionamiento de nuestro sistema monetario la discusión cae dentro de estrechos márgenes fiscales en los que se debe asegurar un equilibrio entre los gastos y los ingresos que deberían ser capaces de financiarlos. 

El habitual esquema mental que tenemos sobre el problema de las pensiones es totalmente erróneo. Debemos arrojar la hucha de las pensiones a lo más profundo del mar, rompiéndola antes para vaciar hasta el último céntimo de su contenido; hoy mismo. 

Deshagámonos de esta abominación que no engendra más que inconvenientes y contratiempos auspiciados por la lógica neoliberal de constreñir la función del Gobierno con reglas financieras artificiosas y arbitrarias. Encerremos bajo doble llave las ideas de la hacienda pública responsable junto al sepulcro de El Cid.

El debate debe trascender la robustez del equilibrio presupuestario que obsesiona a los ceñudos reformistas de nuestro sistema de pensiones y despierta los apetitos de los gestores de fondos. 

Pero, que se puedan pagar y financiar las pensiones ¿significa que éstas son sostenibles indefinidamente? En principio no, si bien no nos encontramos ante una restricción de la esfera financiera. Su sostenibilidad debe ser atendida en el sector real de la economía, esto es, en la creación de un excedente productivo.

 Los jubilados no consumen las contribuciones de su trabajo pasado, sino los productos y servicios que hay en el momento en que ellos ya no contribuyen al aprovisionamiento social de bienes y servicios de la comunidad.

 Para atender a los ancianos de mañana basta con que haya suficientes trabajadores empleados en el futuro produciendo alimentos, vivienda, energía eléctrica, vestimentas y servicios sanitarios y de cuidados, ocio y cultura en cuantía suficiente para atender al conjunto de la población. Un mejor trato a la juventud también ayudará a la reproducción de las clases trabajadoras, hoy razonablemente reticentes a crear nuevos hogares.  

Cómo decida en el futuro el Gobierno trasladar ese excedente real hacia las clases pasivas es una cuestión que podría resolverse de muchas maneras. Por ejemplo, podríamos abandonar el esquema insolidario actual en el que los trabajadores más pobres contribuyen proporcionalmente más que Lionel Messi o Amancio Ortega a la tesorería de la Seguridad Social. 

También podríamos aceptar que la Tesorería de la Seguridad Social tuviera un déficit perpetuo cubierto por la Tesorería General del Estado lo cual, aunque a algunos les parezca sorprendente, no socavaría los cimientos de la civilización occidental. Utilizando la imaginación de la que carecen las autoridades europeas, proponemos también que las pensiones sean financiadas directamente por el banco central. 

Como monopolista de la moneda no se ve sometido a restricción financiera alguna. Es forzoso reconocer que como usuarios del euro, a todos los efectos una moneda extranjera, el monopolista hoy es el Banco Central Europeo.

 Entre los responsables de esa entidad abundan los entusiastas de la “responsabilidad” fiscal pero, con un cambio de los Tratados de la UE, el emisor europeo podría pagar todas las pensiones de los jubilados europeos indexando éstas a algún tipo de fórmula que tenga en cuenta el salario medio del país y la vida laboral.

 Esta es una opción técnicamente realizable, puesto que el emisor europeo es el único agente que puede crear nuevo poder de compra que se utilizaría para encauzar esos excedentes reales hacia los jubilados.

 Este nuevo dinero es deuda de una entidad que por definición nunca puede ser insolvente. Si les preocupa la inflación no se agobien: posteriormente los estados pueden cancelar el poder de compra sobrante con un nivel de imposición adecuado y justamente repartido entre los productores.

Lo que sí podemos asegurarles es que ninguna hucha dotada hoy por el Estado sirve al propósito de generar ese excedente productivo en el futuro. No dejemos que aten la democracia a mecanismos artificiales de control a sus reglas neoliberales. Abandonemos el esquema mental erróneo de que un Estado o la Seguridad Social deben equilibrar su presupuesto y avancemos hacia la soberanía para garantizar nuestras pensiones y el pleno empleo."                     (Redmmt, 01/07/17)

Vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor. Llega un momento en que no recuerdas cómo era trabajar...

"Detrás de las cifras, desoladoras, hay rostros y vidas rotas, sin esperanza, sin nada. Cáritas presentó esta mañana en Madrid un informe con el título ‘Economía y Personas. Cambiando el foco cambiamos los resultados’, con datos de una actividad exitosa, pero colocó en el centro de la mesa de expertos a un parado de larga duración, José Manuel García, tirado en la calle durante meses. 

Ahora trabaja en una empresa agrícola de economía social impulsada por Cáritas Sevilla, llamada Bio-Alverde. Otras 16.500 personas sin esperanza encontraron empleo el año pasado a través de ese plan de “economía solidaria”, desde donde esperan dar el salto al mercado laboral ordinario.

Cuando terminó su relato, a punto en un par de ocasiones de soltar las lágrimas, José Manuel García, sevillano de 50 años, recibió el aplauso de los periodistas. Les había encogido el corazón. “Tienes un buen trabajo estable, te despreocupas de formarte mejor y de pronto te dicen que llega una crisis y que se cae el velo de la especulación. 

La víctima eres tú, claro, entre los primeros, el que te caes del trabajo con 40 años, que dicen que es una edad en la que ya te ven viejo para emplearte pese a que a lo mejor te quedan todavía cincuenta años vida. Al paro. Así, de la noche a la mañana, sin esperarlo y, claro, sin merecerlo”, contó.

Había trabajado en un hotel de tres estrellas en el centro de Sevilla, en los años 90, época de euforias y grandilocuencias. 

 “Pensábamos que todo iba a ir bien. Pero no llegó tanta gente como se había dicho. Al paro. Seis meses. Parece que gusté a los jefes y me colocaron pronto en una floristería, que servía sobre todo a funerarias. Allí 13 años. Era un trabajo estable, pensé despreocupado. Pero llegó otra crisis. Así me convertí en parado de larga duración como suele decirse. Hubo un momento en que no recordaba cómo había sido trabajar”.

Separado de su mujer, que pronto perdió también su trabajo, pasó cinco meses durmiendo en un coche, comía en los comedores sociales, se vestía y duchaba en las Hermanitas de la Caridad. “Ya no tienes dinero, vas perdiendo a los amigos, y los seres queridos empiezan un día, poco a poco, a culparte de tu situación. Así vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. 

Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor, y la vida parece que ya no tiene remedio porque se te han acabado las ayudas oficiales por estar en paro y ya no te van a dar nada más para seguir vivo, esperas que te atiendan de otra manera las instituciones, pero no lo hacen. Y ya solo te queda la caridad”, recuerda.  (...)"               ( , El País, 27/04/17